martes, 7 de octubre de 2014

No esconder los propios pecados, sino rezar y hacer memoria, dijo el Papa

Homilía de la misa de la mañana en Santa Marta

Cuando rezamos no olvidamos nuestra historia. El Papa Francisco subrayó que el Señor está a nuestro lado en el camino de la vida.

El Papa se detuvo a considerar la primera Lectura del día en la que San Pablo hace memoria de su vida, sin esconder sus pecados.

Por tanto, hacer “memoria de esta realidad, pero en la vida concreta – evidenció el Santo Padre –, tal como lo hace Pablo”, que confiesa haber perseguido ferozmente a la Iglesia y no dice: “Yo soy bueno, soy hijo de éste, tengo cierta nobleza…”. No. Pablo dice: “¡Yo he sido un persecutor, yo he sido malo!”. “Pablo – reafirmó el Papa – hace memoria de su camino, y así comienza a hacer memoria desde el inicio”:

“Esta costumbre de hacer memoria de nuestra vida no es muy común entre nosotros. Nos olvidamos las cosas, vivimos en el momento y después olvidamos la historia. Y cada uno de nosotros tiene una historia: una historia de gracia, una historia de pecado, una historia de camino, tantas cosas… Y hace bien rezar con nuestra historia. Uno de ellos es Pablo, que relata una parte de su historia y que en general dice: ‘¡Él me ha elegido! ¡Él me llamado! ¡Él me ha salvado! Él ha sido mi compañero de camino…’”.





“Hacer memoria sobre la propia vida – prosiguió diciendo el Papa – es dar gloria a Dios. Hacer memoria sobre nuestros pecados, de los que el Señor nos ha salvado, es dar gloria a Dios”. Por esta razón – agregó – “Pablo dice que él se vanagloria sólo de dos cosas: de sus propios pecados y de la gracia de Dios Crucificado, de su gracia”. Él – dijo Francisco – “hacía memoria de sus pecados, y se vanagloriaba: ‘He sido pecador, pero Cristo Crucificado me ha salvado’ y se gloriaba en Cristo. Ésta era la memoria de Pablo. Ésta es la memoria que el mismo Jesús nos invita a hacer”.



Fuente : Radio Vaticana

lunes, 6 de octubre de 2014

La Iglesia nunca rechaza al pecador, siempre le acoge como Cristo acoge

 
Mensaje de Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona-Tudela con motivo del "Coloquio Familia y Vida" que se celebrará el próximo 14 y 15 de noviembre en Pamplona.

 
Que se acerquen a pedir perdón. El aborto provocado conscientemente es un pecado muy grave que lleva consigo la excomunión. Para levantar la excomunión (a la mujer y a los que han colaborado) se requiere que se acerquen al Sacramento de la Confesión y pidan sinceramente perdón a Dios. Mis manos han perdonado, en nombre del Señor, a tantas personas que se han acercado.

La Iglesia actúa en el nombre del Señor y Él es siempre misericordioso cuando se acerca el penitente con humildad de corazón, manifiesta su pecado, hace propósito de la enmienda y cumple la penitencia.

La Iglesia nunca rechaza al pecador, siempre le acoge como Cristo acoge. Basta que se arrepienta de corazón.







jueves, 2 de octubre de 2014

Oraciones en la oscuridad

El Papa confesó que en su experiencia pastoral muchas veces el mismo ha conocido "personas que están experimentando situaciones difíciles y dolorosas, que han perdido tanto o se sienten solos y abandonados , que se lamentan y se hacen estas preguntas: ¿Por qué? y se rebelan contra Dios ". Y su respuesta es: "Continúen a orar así, porque esto es también una oración."

Al igual que la de Jesús, cuando dijo al Padre: "¿Por qué me has abandonado?".  Y es la de Job. Por qué "orar es convertirse en la verdad ante Dios. Se ora con la realidad. La verdadera oración sale del corazón, desde el momento que uno vive " desde la situación personal de cada uno. De hecho, es la "oración en tiempos de oscuridad, en los momentos de la vida donde no hay esperanza" y "no se puede ver el horizonte"; hasta el punto de que "muchas veces se pierde la memoria y no tenemos dónde anclar nuestra esperanza."

De ahí la relevancia de la palabra de Dios, porque aún hoy en día, muchas personas están en la situación de Job. Así que mucha gente buena, como Job, no comprende lo que le está pasando o lo que le pasó. Son muchos hermanos y hermanas los que no tienen o non encuentran motivos para la esperanza. El Papa piensa en ellos y también en los que sufren "las grandes tragedias", como las de los cristianos expulsados ​​de sus hogares y privados de todo y se preguntan "pero, Señor, yo he creído en ti. ¿Por qué? ". ¿Por qué "creer en Ti es una maldición?", un  carga difícil de llevar. Lo mismo se aplica a "los ancianos que dejaron de lado", a los enfermos, a las personas solas en los hospitales, a las personas solas con sus sufrimientos...

 Es, de hecho, "para toda esta gente, estos hermanos y hermanas nuestros, y también para nosotros cuando andamos en el camino de la oscuridad", que "la Iglesia ora." Y al hacerlo, "toma sobre sí todo ese dolor."
 
 
 Papa Francisco. Meditación de la mañana en la Capilla de Santa Marta de la lectura del día. Libro de Job 3,1-3.11-17.20-23.  Martes, 30 de septiembre 2014

Fuente : L'Osservatore Romano,01/10/2014

 

jueves, 8 de mayo de 2014

Mensaje del papa Francisco del 25 de Abril de 2014


El aborto “agrava el dolor de muchas mujeres que ahora llevan consigo profundas heridas físicas y espirituales después de sucumbir a las presiones de una cultura secular que devalúa el regalo de Dios de la sexualidad y el derecho a la vida del no nacido”
 
 


martes, 8 de abril de 2014

La misericordia de Dios acaricia las heridas de los pecados

La misericordia divina es una gran luz de amor y de ternura, es la caricia de Dios sobre las heridas de nuestros pecados.

Ésta es la enseñanza que el papa Francisco ha extraído de las lecturas del día, y que el Pontífice ha explicado en su homilía de la misa celebrada el pasado lunes, 7 de abril, en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Evangelio de la adúltera perdonada ha dado lugar al Santo Padre para explicar lo que es la misericordia de Dios. El relato es bien conocido: los fariseos y los escribas traen a Jesús a una mujer sorprendida en adulterio y le preguntan qué hacer, ya que la ley de Moisés preveía la lapidación, al ser considerado un pecado gravísimo.
Jesús se queda solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: "Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?". La mujer responde: "¡Nadie, Señor!", pero ella no dice: "¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no he cometido adulterio!" y "reconoce su pecado". Y Jesús afirma: "¡Yo tampoco te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar por un momento como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios…".

"¡Jesús perdona! -ha afirmado Francisco-. Pero aquí se trata de algo más que del perdón":
"La misericordia --ha señalado el Santo Padre-- es algo difícil de entender".

Alguien podría preguntar: 'Pero, padre, ¿la misericordia no borra los pecados?' "No, lo que borra los pecados es el perdón de Dios!. La misericordia es la forma como Dios perdona. Porque Jesús podía decir: 'Yo te perdono. ¡Vete!', como le ha dicho a aquel paralítico que le habían bajado desde el techo: '¡Tus pecados te son perdonados!' Aquí dice: '¡Vete en paz!'. Jesús va más allá. Le aconseja de no volver a pecar. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos...
La misericordia va más allá y transforma la vida de una persona de tal manera que el pecado sea dejado de lado.

"Nosotros miramos al cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando llega el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura.
Dios no perdona con un decreto, sino con una caricia, acariciando nuestras heridas del pecado. Porque Él está involucrado en el perdón, está involucrado en nuestra salvación. Y así Jesús hace de confesor: no la humilla, no le dice 'Qué has hecho, dime ¿Y cuándo lo has hecho? ¿Y cómo lo has hecho? ¿Y con quién lo has hecho?' ¡No! 'Vamos, vamos y de ahora en adelante ¡no peques más!'.

Es grande la misericordia de Dios, es grande la misericordia de Jesús. ¡Nos perdona acariciándonos!